viernes, 11 de marzo de 2011

El Observador y lo Observado.



El observador y lo observado son solamente dos aspectos del testigo. Cuando uno desaparece en el otro, cuando uno se disuelve en el otro, cuando ya son uno, por primera vez surge el espectador en su totalidad.

Pero en muchas personas surge una pregunta porque creen que el espectador es el observador. En sus mentes, observador y espectador son sinónimos. Es una falacia; el observador no es el espectador, sino solamente una parte de él, y cada vez que la parte se cree el todo, surge el error.

El observador quiere decir lo subjetivo, y lo observado quiere decir lo objetivo: el observador quiere decir eso que está afuera de lo observado, lo observado quiere decir eso que está adentro. Lo de adentro y lo de afuera no pueden estar separados; están juntos, solamente pueden estar juntos. Cuando se experimenta este conjunto, o mejor dicho unidad, entonces surge el espectador.

No podéis practicar ser el espectador; si lo intentas vas a ser solamente el observador, y el observador no es el espectador.
Entonces, ¿qué hay que hacer? Tienes que disolverte; tienes que fusionarte. Cuando veas una rosa, olvídate por completo que hay un objeto que se ve y un sujeto que ve. Deja que la belleza del momento, que la alegría del momento los inunde a los dos, para que la rosa y vos no estén más separados, sino que se conviertan en un solo ritmo, en una sola canción, en un solo éxtasis.

Cuando ames, cuando sientas la música, cuando veas una puesta de sol, deja que pase una y otra vez; cuanto más pase mejor, porque no es un arte sino un truco. Lo tenéis que intuir; una vez que lo conseguiste, podéis provocarlo en cualquier parte, en cualquier momento.

Cuando surge el espectador, no hay nadie que esté presenciando y no hay nada que sea presenciado. Es un espejo puro, que refleja nada. Incluso decir que es un espejo no es correcto; sería mejor decir que es un reflejar continuo; es un proceso más dinámico de disolución y fusión. No es un fenómeno estático; es un fluir. La rosa que te llega, vos llegándole a la rosa. Es un compartir del ser.

Olvídate de la idea que el espectador es el observador; no es así. El observador puede practicarse, en cambio el espectador sucede. El observador es una forma de concentración, y te mantiene separado. Va a expandir, fortificar tu ego. Cuanto más te vuelvas el observador, más vas a sentirte como una isla -separado, distanciado, por encima.

Por muchos siglos, los monjes de todo el mundo, estuvieron practicando el observador. Lo pueden haber llamado el espectador, pero no lo era. El espectador es algo totalmente diferente, cualitativamente diferente.

Al observador se lo puede practicar, cultivar; podéis llegar a ser un mejor observador con la práctica.

El científico observa, el místico presencia. Todo el proceso científico es el de la observación: muy
penetrante, aguda, cortante, como para que no se pueda escapar nada. Pero el científico no llega a conocer a Dios. Aunque su observación sea muy, muy experta, permanece inconsciente de Dios; nunca se tropieza con Dios; al contrario, niega que exista, porque cuanto más observa -y todo su proceso es de observación-, más se separa de la existencia, se cortan los puentes y se levantan los muros. Se queda aprisionado en su propio ego.

El místico es un espectador; pero acuérdate; el ser espectador sucede solo, es un subproducto -un subproducto de ser total en cualquier momento, en cualquier situación, en cualquier experiencia. La llave es la totalidad.

De la totalidad surge la alegría de ser espectador.

Olvídate de todo lo que tenga que ver con la observación; eso va a darte información más exacta del objeto observado, pero tú vas a olvidarte completamente de tu propia conciencia.

Osho



El observador mira el infinito océano y se pregunta "¿Quién Soy Yo?"...y el espectador detrás del observador le responde..." Yo Soy la Totalidad".

Antar